Martes, 12 de Junio 2018

Una historia, una colección. Donación Elía/Robirosa

Presentación del catálogo el martes 12 de junio, a las 19.

Una historia, una colección. Donación Elía/Robirosa

Con motivo de la donación realizada por Alberto Elía y Mario Robirosa, integrada por 85 piezas, el Museo Nacional de Bellas Artes exhibe "Una historia, una colección. Donación Elía/Robirosa", hasta el 29 de julio en la sala 38 del primer piso.
La muestra, curada por Florencia Galesio y Pablo De Monte, presenta una selección de obras de artistas argentinos, como Alberto Heredia, Marta Minujín, Juan José Cambre, Duilio Pierri, Diego Perrota, entre otros.

El martes 12 de junio, a las 19, se presenta el catálogo con la presencia de Andrés Duprat, Florencia Galesio, Pablo De Monte, Alberto Elía y Mario Robirosa.


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El coleccionista sustrae del mercado aquellos bienes –obras de arte, pero también objetos que considera culturalmente relevantes– cuyo valor, sospecha, trasciende el mero intercambio de dinero. Walter Benjamin sostenía que el coleccionista, en tanto sabe captar el carácter de una obra, su potencialidad, se vuelve un “adivino del destino”. Puesto que somete a las obras a un conjuro mediante su goce privado, que las vuelve parte de una serie imaginaria en la cual, finalmente, adquirirán sentido. Es, estrictamente hablando, un productor de memoria futura. Sobre todo si su objeto de deseo es el arte del presente, no sujeto aún a consagraciones que garanticen su
valoración ulterior.
            El arte del buen coleccionista de arte contemporáneo es ser fiel a esa intuición inicial que lo lleva a construir relaciones entre obras, autores y estéticas que solo el tiempo coronará valiosas. En ese punto, se vincula con su figura en apariencia antitética: el marchand. Dado que este, que oficia como mediador entre el artista y el mercado, parecería deber prescindir del afán de posesión de las obras a las que, por otra parte, confiere valor. Coleccionistas y marchands son así dos caras que sustentan el mecanismo del mercado del arte, cuya tercera fase –la inscripción en la memoria colectiva– es el Museo.
            Alberto Elía y Mario Robirosa, notables coleccionistas y galeristas, han construido durante medio siglo el círculo virtuoso entre ambas figuras, que encarnan con gran prestancia y generosidad. En ellos se unen en forma condensada los criterios mediante los cuales una serie de autores –que podemos llamar “de los ochenta”, concediendo a esa rápida categoría cronológica la facultad de nombrar un fenómeno cultural mucho más complejo– constituyen un corpus singular en la historia de las artes nacionales.
            Su colección, desarrollada a lo largo de los años en que promovieron (casi podríamos decir: crearon) a esa generación que dio nombres como los de Jorge Pirozzi, Duilio Pierri, Eduardo Iglesias Brickles y Diego Perrotta, hoy es recibida en donación por el Museo Nacional de Bellas Artes en un acto que honra a la institución. Una forma de acoger no solo un patrimonio fundamental para la nación, sino, sobre todo, de celebrar el trabajo primoroso de quienes tuvieron el don y la audacia de propugnar uno de los capítulos fundamentales de la plástica argentina.
 
Andrés Duprat
Director
Museo Nacional de Bellas Artes

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